sábado, 21 de diciembre de 2024

peluche of milk

Un perro viene a revolucionarlo todo. A algunos parece que no nos alcanza con ser tíos, hermanos o "madrinos" - como supo escribir una vez mi sobrina y ahijada Renata - y queremos ponernos a prueba aún más.

En mi caso Peluche llegó como lo que es: un terremoto que arrasa con todo. Pero también un devoto de la paz. ¡Ay, si vieras cuán devoto es de la paz!
Él es mi luz y mi sombra. Las patas que vienen después de mis pasos. La mirada de Dios, quizá. O la de algún ángel, por qué no.
Lo que sí puedo decir con seguridad es que vino para que aprenda a ejercitar la pureza, la paciencia, el cuidado y el amor.
Comida para mí, comida para vos. Alfombra para mí, alfombra para vos. Pensar en sus necesidades y no sólo en las mías. Darle todo lo que pueda darle, aunque no sea "todo" y aunque no siempre "pueda".
Pero amarlo. Amarlo con la misma intensidad con la que marco un límite, y cierro el portón, y lo meto pa' las casas, y le arrimo un poco e' agua.
Amarlo porque es del color de mis sueños. Y es por eso que, el muy desgraciado, me conquistó (y me sigue conquistando).
Amarlo porque soy la primera en oírlo soñar cuando sueña y más que nada porque soy la primera en sufrir cuando sufre.
Sus pesadillas - o alergias - son los sustos que me invitan a moverme y a cantarle, suavecito o a todo trapo, desde el alma, con la entraña; pureza que arde.
Nomás pa' mimarlo, nomás pa' cuidarle. Por no haber tenido a su perra madre; y criado en la calle así como vino, adjuntarle a la casa montones de pelo, pozos, mugre y saltos cordiales.
Qué decirle. Él es un buzón lleno de cartas que nunca se cansan de enviarse.
Aunque el destinatario no esté, o el cartero llegue tarde.
Aunque haya cientos de micro accidentes o macro conflictos.
Él va a estar ahí. Como lo está cada perro.
Siendo la pieza. Marcando la clave.
Haciendo su parte.

🖊️ Agustina Ferrand






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