Lo que decimos tiene lógica. Y del amor mejor no hablemos porque claro está que el amor siempre fue lo primero. ¿Quién podría decir "haz de amar su corazón de amapola, has de salvar al mundo perdonando a tu madre" si no ama ni siquiera la palabra "haz"? En esta vida, en este mundo, basta con amar una sola palabra para que todas las demás la sigan y se arme una terrible olla popular. Es que te entiendo tanto cuando te duele, y me duele tanto cuando te entiendo. Que tengo que mover una y otra vez las neuronas que mejor resisten. Para que el mundo sepa del amor y del trabajo que en nosotras anida. Porque no vinimos de un repollo, ni en un repollo queremos morirnos. Hay cartas eternas en nuestros infinitos micro-mensajes. Y hay infinitos micro-mensajes en nuestras cartas eternas. Por eso vale tanto el postre. Como el poeta que te ayuda a disfrutarlo. Y si no hay nadie que le cante al colectivo, el colectivo no arranca. O arranca, pero no lleva a nadie. Porque nadie viaja en ningún vehículo sin espíritu. Y a eso no te lo da la Inteligencia Artificial. Tonta que se cree que nos va a ganar porque es más rápida que una estrella fugaz. ¡Si supiera que somos nosotras las que estamos hechas de estrellas y no ella! Quizá en la letra chica nos diría "elijame cuando hago silencio y le permito pensar" o en todo caso "primero salga por todo el barrio a preguntar". Pero bueno, estamos en el Tercer Mundo y nadie retrocede tanto como quien proclama avanzar. A pesar de los añicos: sembramos esperanzas. Es decir: poemas. Es decir: polvo de estrellas. Así es como iluminamos, con la única condición de que nos ayuden a seguir comprando focos. Para que los faroles bajen y bajen de los fletes y cada fletero tenga su farol. ¿Es complejo? Complejo usted que nunca pidió un flete. Complejo usted que nunca amó un farol.
🖊️ Agustina Ferrand

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