cómo
me gustaría
volver a ver
a mi profe
de “Historia”
Vladimir
sí, sí, tenía un nombre icónico
como icónicas eran sus clases
y su decir-nos, sin descanso
y sin cansarse, una y otra vez
más de lo mismo
que somos así:
reventadamente cíclicos
y la guerra fría
diría él aguerrido
ahora sí que se quemó
las manos
de lo contrario,
no habría golpes
ni balas, ni palos
me gustaría volver a verlo
para que nos enseñe
para que nos obligue
a ir a la biblioteca
y entre los casi 30
que supimos ser
volvamos a engendrar
las preguntas necesarias
esas que, a veces, al abrirse
cierran bocas y círculos
los círculos
en los que estamos
pa' proteger
el grito sagrado
y las bocas de quien-es
amordazan al grito
por puro placer
de hacer daño
¿vos qué decís, Vladimir?
¿si logramos cerrar las bocas
dejarán de maltratarnos?
¿la veías venir o la dejaste pasar?
te imagino
haciendo tic-tac
nervioso
y corpulento
con la lapicera
en el banco
esperando el timbre
o la muerte
ahora
ya en tu casa
con canas
y anonadado
🖊️ el poema, en sí, es sencillo
pero encierra una gran verdad:
los profes dejan huella
y es muy probable que,
frente a algunas realidades,
ya no sepan ni qué decir
para empujar 🖊️
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