martes, 24 de marzo de 2026

Una psicoanalista, al pasar, lo explicó muy bien.

Una psicoanalista, al pasar, lo explicó muy bien.

Lo que pasó en la infancia hecho está.

Todos, por igual, atravesamos la experiencia de vivirlo y sentirlo todo por primera vez.

El primer llanto,

el primer rechazo,

el primer amor,

el primer placer.

El bebé desde que nace tiene que aprender a comunicarse. Sino... nadie entiende sus necesidades.

De los primeros años, las vivencias y los traumas, de los que nadie se salva, dependerán nuestros más profundos miedos, ya siendo adultos, o al menos intentando actuar como tales.

Las mamushkas, ejemplificando, son las capas que protegen al niño que, por cierto, todo lo siente y todo lo pasa por el filtro de su ser sensible.

¿Qué necesitaba ese niño en el primer límite?

¿Cuál fue la primer mentirita que dijo para salir a salvo de un reto?

¿Puede que el límite nos haya vuelto reprimidos o, lo que es aún peor, represivos?

¿De qué, o de quiénes, hay que soltarse para fluir como un río?

¿El río después de tanto, es decir terapias durante años o esfuerzos enormes por superarse a sí mismo, al fin y al cabo llega al mar?

¿Vamos hasta esa mamushka bebé y le explicamos que ella no tuvo la culpa ¡Y que tampoco hay culpables! Porque todos, sea el rol que nos toque habitar, lo estamos haciendo de la manera que mejor podemos?

Humanamente, desaprendiendo la condena que sin querer todos vivimos.

Habitando un horizonte, por lo menos, más compasivo para con nosotros mismos.

Quizá sea hora de asimilar que también es un derecho parar la pelota, y paradójicamente jugar. Hacerlo, al menos, por la mamushka bebé indefensa (que aún nos mira, aunque no siempre queramos o podamos mirar).

🖊️ Agustina Ferand



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