🖊️ A Oscar Ángel Agú.
Pienso en Cacho. El Cacho que más de uno conoce y ha visto crecer, abrazar, andar y engendrar. Hijos, árboles y libros. Lo pienso como aquel que mira a la minoría, al igual que yo. Como ese otro que contempla un río o una hormiga, al igual que yo. Pero también como ese hombre que se acerca al Tao, y se convierte en el Tao; seguramente como muy pocos pueden lograrlo.
Estoy segurísima de que Cacho, cuando vuelva a ser polvo de estrellas, no querría por nada del mundo que lo lloren, pero sí que cuenten con su astucia. Que peleemos. Que apostemos. Que ajustemos las velas. Que subamos al barco. Que hagamos. Que hagamos. Siempre, siempre, que hagamos. Con un poco más de luz...
Que nos descalcemos, también, al borde del deseo. Y que si alguien dice "amanecer" pensemos en su nombre de oeste a este. Y en todo lo que eso significa, en todo lo que dentro de él habita: Cordialidad, sabiduría, sonrisas, papeles, empuje, ¡poesía!
Cacho es un rufián de las andanzas.
Portador de los "buen día".
"Let it be" a toda hora.
A Cacho le agradezco la confianza y la puerta de su casa siempre abierta para mí. Pero, sobre todo, ese gesto de padre que -aunque él piense que es demasiado- me ayudó y me seguirá ayudando. Cada vez que nos vemos o, mejor aún, cuando abro sus libros y me encuentro con una mano en las manos. Fiel al oficio de nombrar y dar. Y seguir nombrando y dando. Hasta el último suspiro. Por si acaso no confiaban.
¡Te aprecio mucho, Cacho!
Con Amor: Agustina

No hay comentarios.:
Publicar un comentario