No quería ilusionarme con el Mundial. Sé que el fútbol es un deporte rodeado de monos y monerías, jugando para el enemigo. Y el enemigo, para colmo, estuvo ahí, radiante, haciéndose cuerpo y alma, si es que la tiene. En su prepotencia de sentirse dueño del mundo.
Le tengo tanta piña a E.E.U.U. Que hasta me siento más débil aún sabiendo que al más lindo del amor no le quedó otra que saludarlo. ¿A quién? Al rubio engreído. ¿Por qué? Porque es políticamente correcto, ante todo. Aunque le ardan las tripas, o se le entristezcan los cisnes por ver que no pudo darle una alegría a su gente.
Leo Messi es la clara muestra de que se medita, antes de actuar. Al menos en la vida real. Y también de que perder duele, como cuando tenías 7 años, y ahí se debatía la vida, la muerte y el amor (todo junto).
No quería ilusionarme, pero los ví a los pibes tan unidos, tan guerreros, tan "indios", que se me mezclaron los ancestros con el futuro y entonces no me quedó otra que aceptar el baile.
No quería ilusionarme porque sabía que podía doler. Ahí. En el cora. Donde anidan los ídolos que elegimos. Los que nos representan, de alguna manera, por tener hojas parecidas a nuestro árbol.
Qué decirte, Leo, parece que Argentina esta vez no te pegó. Sino todo lo contrario, te abrazó. Se vió reflejada en tu grandeza y sencillez y te abrazó.
No sé cómo se ve el oro desde adentro. Pero sí sé cómo se ve desde afuera. Y se ve con hambre, sed y mucho frío. Que aunque vos ya no pases ninguna de esas 3 desgracias, sabías claramente que Argentina sí que las pasa. Por eso las lágrimas. Las tuyas y las de todo el grupo. Porque se hicieron desde abajo y el césped en el que juegan en nada se parece a la tierra y las necesidades que pasaron.
Yo sé que acá nadie quiere que la fiesta se termine. Los argentinos somos así... bochincheros. Pero también es cierto que se cerró un ciclo y empezó uno nuevo. Uno en el que el zapatero vuelve a su zapato, y el chofer al colectivo. Entonces no queda otra que lustrar bien y frenar ante el semáforo.
¡Te quiero, Leo! Gracias por darnos belleza y valores, en un mundo que siempre fue feo.
Al llanto compartido lo desenvuelvo y me lo guardo, para mojar las flores, cuando no haya lluvia.
🖊️ Agustina Ferrand


