jueves, 2 de julio de 2026

nunca quise renunciar a ser jazmín (...) ¡si bailé la salamanca!

Nunca quise renunciar a ser jazmín.

Quise renunciar

a todo lo que, por ser jazmín,

se esperaba de mí.

Nunca quise "no cuidar, ni amamantar".

Quise elegir en qué fuente depositar

mis peces.

Aunque los peces no tuviesen otro destino

que el río, y después el mar.

Nunca quise quitar el rosa,

ni el violeta, ni el naranja,

de mi vida.

Quise que se me llamara por mi nombre,

el mismo que supe amar desde pequeña.

(Hasta que llegaron los matices,

y las balas, y los campos).

Nunca quise, además, (vale decirlo),

confundir a los buscadores de ilusiones,

ni a los felices.

Quise darle a la alegría

su cuota de Filosofía,

y después echar a andar,

por caminos solitarios.

Que nunca quise caminar sola.

Pero no había quién, ni quiénes, 

sostuvieran mi pellejo

cuando yo no podía ni hacerlo.

Pero un día llegó un jardinero.

Y me dió agua, sol y viento.

Dijo las dos palabras mágicas 

y nada, en mí, se apartó de aquel momento.

Supe, desde entonces, que era amada

y elegida,

de la A a la Z y desde el cero al infinito.

Aunque no fuese un jazmín perfecto.

Ni cuidase lo que los jazmines cuidan.

Y siguiese confundiendo a los

buscadores de ilusiones y a los felices,

con preguntas o exclamaciones,

salidas, por completo, de contexto.

Entonces... ¡¿Para qué decir

"por qué no me muero"?

¡Si bailé la salamanca!

¡Cuando en vos yo ví el saludo!

No hace falta que te apenes, ni que llores

por la hipnosis.

¡Si es el trazo quien decide los discursos!

¡Y es por eso que hay fragancia en el quebranto!

(...) Porque vuelve, como un rayo,

lo sembrado.

Y es total el brillo etéreo 

de las alas. (...)

🖊️ Agustina Ferrrand 




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