El señor pájaro llegaba a terapia,
cada vez, con un canto nuevo,
distinto, renovado.
Le hablaba, a su terapeuta,
de los pichones,
el cielo y el nido.
Y de su número
de destino y cumpleaños.
Las preguntas iban mutando.
Señora Pájara, en el nido.
Pero también volando.
Señor Pájaro, en la sesión,
alerta y conflictuado.
Sus amigos pájaros,
con todo el amor que había
en sus alas,
le hacían recomendaciones
y le daban recetas,
para que no se enrollara tanto.
Le auguraban finales felices.
Pero Señor Pájaro,
no sólo había nacido
volando,
sino también senti-pensando.
Y lo segundo le traía sus dramas.
"Eso" que la Señora Pájara
tanto le advertía que evitara.
Que quizá todo se soluciona
o se diluye con un beso en el pico.
O con una carta estelar.
De igual manera,
El Señor Pájaro tenía todo
tan bien acomodado
que le costaba soltar el control
y dejarse amar.
"Pobre pájaro",
pensaba su terapeuta,
para sus adentros.
A medida que el Señor Pájaro
se explayaba
hasta tocar las estrellas.
"Es que quizás estoy estrellado",
atinó a decir Señor Pájaro.
Ahora que tenía
todas las respuestas, "de pronto,
cambiaron todas las preguntas".
"¡Estamos vivos, hay movimiento!",
lo consolaba su amigo el Mar.
Señor pájaro sólo quería
mirar a Señora Pájara.
Pero la vida le exigía meditar.
🖊️ Agustina Ferrand
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