La poesía siempre fue mi faro, mi hoja de ruta, mi Dios absoluto. Pero... ¿Qué es poesía, si no un Cristo crucificado que luego resucita?
¿Qué es si no fe en algo superior?
Algo que tiene que ver con el espíritu, sin duda.
Algo que va más allá de nuestras fuerzas reales.
¿Qué es poesía si no es rezar en un papel?
Le debo mucho a mis "actos de fe". Porque fueron ellos, y no otros, quienes me acercaron a lo más piadoso de la vida. Que guardaba para mí, sin duda, lo que yo antes no podía ver: la sencillez de un momento que poco nos pide y todo nos da.
Jesucristo nació en la máxima precarización y humildad. Lo veo a él en cada uno de mis hermanos, en los abuelos, y sobre todo en los niños.
Dios no nos castiga. Simplemente espera que acudamos a él. En un rezo muy íntimo. Poniéndo por delante su voz y su mano, que obra de maneras misteriosas pero necesarias.
¿Yo? Yo soy una simple servidora que no deja de oírlo. Y aunque le duela, pide lo que sólo él sabe que es mejor para mí.
No es mi intención unirme ni ponerme del lado de ninguna religión.
Pero sí enarbolar la bandera de quien todo lo ve y, porque todo lo ve, de lo justo y necesario nos aparta y a lo esencial nos acerca. Porque de eso estamos hechos.
Gracias por no soltarme la mano. Aunque mil y una noches haya dudado.
🖊️ Agustina Ferrand

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