Es irónico que sigamos creando cuando todo ya se ha dicho, cuando todo ya ha sido cantado, cuando los temas parecen ser más de lo mismo, y el planeta está en manos de unos locos, más locos que los locos registrados. Sin embargo lo hacemos para burlar el absurdo y colmarlo de sentido, para volver a acercarnos después de la distancia, para inventar nuevos modos de nombrarnos, para llegar al fondo de las intimidades y no dejar de asombrarnos. Es irónico, sí, pero para eso existimos los artistas. Para ganarle a lo monótono o precario, y soñar con la inmensidad de un mar que todo lo cubra, o bien con una panza llena y unos pies calentitos; lo cual no es menos que el mar, sino todo lo contrario. Igual de inmensos son los bosques de la vida cotidiana: Una mano que se mueve para encontrar un repasador. Un repasador que se mueve, gracias a la mano, para llegar a la boca. Una miga que, gracias al repasador y a la mano, cae al piso. Una escoba que barrerá la miga luego. Un perro que desparrama pelos. Un gato que pasa y elonga su cuerpo. Una pava que chilla. Un mate que acompaña. Un libro que se abre. Una canción que se escucha. ¡Ahí van las melodías! Me enredo en la simpleza de un día adentro de otros días.
♥️ Agustina

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