Pienso en lo desafiante de acompañar y dejarse acompañar. De elegir un cielo despejado por encima de los edificios y desechar todo lo demás.
Que el otro (o la otra) vea nuestra cara verdadera exige sobre todo despojarse de las máscaras. Animarse al riesgo de saber que, quizá, no siempre lo que vean de nosotros será una algarabía. Pero sí seguir regando la plantita. Ojalá siempre sin ahogarla.
Cuando ella me hablaba de los pies en la tierra, yo no podía evitar estirar las manos para querer tocar el cielo. Pero aprendí. Me aferré a las raíces. Llevó tiempo, introspección, constancia, medicación y mucho psicoanálisis.
Pero más llevó el amor que le tengo a mi destino 4. Por eso, cada vez que doy un paso hacia el trabajo, me gano un pedacito de tu alma. Que nunca quiso que la olviden o la cambien. Si no todo lo contrario.
¡Ay, cariño! ¡Son tantos los cambios!
Visito tu mundo como quien visita a su dueña.
Lo cual no significa que tenga una correa.
Amar la vida es lo que siempre quise.
Y amándote a vos, la amo.
Por eso la pala, la escoba y los jabones.
En primer lugar los jabones.
Porque siempre quise estar limpia, para cuando llegues y me amarres. Cual brujería que hicimos, un poco vos y un poco yo.
El amor para quien lo trabaje, dijo una vez alguien.
Y se desató una oleada de valientes y cobardes.
🖊️ Agustina Ferrand
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