Madre, quizá, no sepa dar abrazos.
Pero llena todo de color y pulcritud.
Te contagia sus maneras.
Y te sorprende, de la nada,
con una prenda nueva
que mejor no preguntar
cómo, o dónde, la canjea.
Entonces vos andás toda radiante y renovada.
Madre, quizá, no sepa dar refuerzos positivos.
Pero se apasiona con la música,
te transmite, en definitiva, ciertos valores
y cuando baila no existe nada,
ni nadie, que interrumpa su danza.
Madre, quizá, no aparezca
con un "te amo" en el bolsillo.
Pero te guarda un pedacito de pan con chicha
para que vos también lo comas.
Y es una dadora oficial, entre todos los dadores.
Puede que, además, nunca nos alcance
-o conforme- lo que nos damos o cantamos,
la una a la otra,
pero si yo saco un "alfajor chinchulina" de la bolsa,
y ella pica y pica cebollas (sin llorar)
quizás sí podemos ser amigas,
o al menos no ser enemigas.
(¡Eso ya es mucho lograr!)
El vínculo con la madre es un temazo,
pero no una súper canción.
Sino un ovillo que cae al piso
y alguien empático o bondadoso
lo devuelve a su lugar.
¿Esa persona... de dónde sale,
hacia dónde apunta, por qué nos une,
para qué levanta el ovillo?
¿Sabrá tejer? ¿Dará buenas puntadas?
¿Nos tejerá?
Oh, persona empática,
bondadosa, caída del cielo,
no me alejes (tanto, tanto) de mi madre.
🖊️ Agustina Ferrand

No hay comentarios.:
Publicar un comentario