viernes, 12 de junio de 2026

22 años (Salud Mental)

En mi primera internación grave, sin tener un diagnóstico, o un norte claro, (tenía 22 años) ingresé completamente descompensada, desorientada y vulnerable. Recuerdo que tenían que agarrarme a la fuerza para que me dejara inyectar. Estuve un mes encerrada, bajo medicación y controles diarios. Fue mi madre, y no otra, quien más asustada estaba. No entendía qué pasaba. Yo tampoco, ¡claro!

Sin embargo ella iba todos los días, de manera religiosa, a visitar a su hija. Con sus alfajores, la yerba, el azúcar y una mirada muy preocupada pero repleta de chispas compasivas. Recuerdo esperarla cada día, desde el encierro, con mucha ansiedad. Miraba por el agujerito de la cerradura que daba al pasillo largo por el cual la veía venir y se me iluminaba la vida. Compartíamos 1 hora, pero para mí era la hora del principio del mundo. Claro está, yo sólo la quería a la viejita.

Cuando terminó el mes pactado volvimos en una camioneta destartalada que no era nuestra. ¡Porque también teníamos que hacer una mudanza! En ese viaje -pozos mediante- aprecié la calle y la libertad, como nunca antes. No te imaginás lo que es estar lejos de tu cama, tus cosas, tu vida. Es cierto que a veces sólo lo entendés hasta que te pasa. De lo que sí no me olvido fue del extremo cuidado que vino después. Madre me traía maltas calentitas a la cama. Y comíamos lo que podíamos, como siempre pasó en casa. Pero todo preparado. La ropa, los detalles, la habitación impecable. Y mi cara, la de un muerto que parecía haberse muerto para siempre. Tal era la psicodelia del malestar. Es raro sentirse consolado, ahí le doy la izquierda al Indio. (...)

Después vino la conciencia de "enfermedad": El saber que lo que me pasaba por el cuerpo y la mente tenía un nombre, y en consecuencia un manera de llevarlo de la mejor manera. Ya no encerrada, gracias a la vida, ni sometida con todo lo que eso implica. Después hubo recaídas, lamentablemente, porque siempre las hay. Caer nuevamente en un Centro de Salud para que me estabilicen. Una cosa de no desear. Siendo que podría andar por ahí, disfrutando de mi juventud. Y no perdiendo amigos, por no saber cómo abordar la traición o la amistad. ¿Continuará?

Posdata: Naturalicemos hablar, hablar y hablar de Salud Mental. Hablar salva. Hablar cura. Hablar calma.


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