Cuando se va de este mundo un artista de tal calibre, parece que el cielo se nublara.
Se te hace un nudo en la memoria y en las entrañas.
Sabés que se está yendo para el otro lado uno de los más importantes.
El que cuando suena te hace sentir en casa.
El que combina, siempre bien, con todos tus ángeles y fantasmas.
El que sabía que ser soberbio no era otra cosa que aburrirse de todo.
El que con sus letras y melodías nos metió en cientos de constelaciones únicas.
El que seguimos y seguiremos descubriendo.
El ángel de la soledad, para más de uno.
El que quería hacer la revolución con una canción de amor, y se sentía extraño si lo consolabas.
El hombre de la música combativa.
El de la voz rasposa, ajustada, nacional, única.
El de los pogos más grandes del mundo.
El que siempre fue heraldo de buenas noticias, porque nos quedábamos un rato más.
El que nos obligó a aprender nuevas palabras.
El de las metáforas encantadas.
El "no querido" por Dios, quizá, pero sí por todo un pueblo.
El que nos enseñó que si hay dolor, habrá canciones.
Entonces, cómo no honrarlo y abrazar este hueco que se forma -aquí, del lado mortal de los sentidos- para decirle, al fin y al cabo, todo es efímero, Indio... Pero vos, vos crayón oscuro, padre de los pibes y pibas que hoy quieren tocar el cielo, vos ya sos eterno.
Gracias por crear y creernos.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario