sábado, 15 de noviembre de 2025

sin querer desbordé el mate de azúcar

sin querer 

desbordé el mate de azúcar 

lo incliné hacia la tierra,

como si estuviese encarnando

un ritual,

ahí nomás volqué

lo que sobraba de dulzura

mañana crecerán flores tiernas

o sea: florcitas


Hacer de lo cotidiano algo extraordinario tiene mucho que ver con tener las antenas sintonizando los colibríes que llegan y velozmente se van.

De nosotros depende qué tanto perdura el aleteo de quien viene y, de repente, ya no está.

Amar a un colibrí o a una mariposa-señal nos direcciona hacia el presente. Es decir: nos ancla en lo que somos y en lo que hay. También en lo que no se ve, pero encuentra su manera de llegar.

Moriré de alas como éstas,

y de azúcar inclinada hacia la tierra.

Hasta que los diminutivos sean símbolo de ternura absoluta y no de "menosprecio", "ironías malditas" o "juegos de poder, en los que siempre alguien o algo pierde dignidad".

"Agustinita", me decían algunas.

 Y yo nunca supe entender muy bien por qué.

Siempre quise comunicarles que, en todo caso, más que una niña (pequeña) me estoy transformando en una (gran) mujer.

Y eso es pasar del ritual, vital para el espíritu, a la vida en la calle, completamente caótica. Una vida de la que deberemos cuidarnos a cuatro ojos, por cierto, o mirarla en retrospectiva, para analizar qué es lo que yo -desde mi llegada a casa- puedo senti-pensar y darle a los demás.

O mejor aún, qué es lo que yo desde mi dulzura derrapante puedo aceptar y acepto recibir.

Que cada quien le pregunte a las flores sus preguntas.

Que ellas, a diferencia de nosotras, siempre querrán ser florcitas.

Por eso son superiores. Porque en su pequeñez todo lo alumbran.

🌷🌸🌹🌺🌻🪻🌼🏵️💐

🖊️ Agustina Ferrand 



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