¿Voy o venís? ¿Faltamos o vamos? ¿Me hacés un hueco o cavás un pozo? ¿Soy como vos o vos sos como yo? ¿Nos imitamos?
¿El pasto es nuestro norte? ¿Nuestro sur, nuestro adentro? ¿Sin alpargatas igual? ¿Moldeando la arena? ¿Con viento a favor y en contramano?
Si pongo mi palma acá, por ejemplo, ¿ya somos un nido?
Hete aquí el dilema y la paradoja de quien ya jugó un montón los juegos del amor. Y no por volver a confiar, va a descuidar sus vínculos, ni todo lo que viene con ella.
Sucede que vos y yo, atravesadas por la literatura como faro, a veces nos quedamos ciegas, por la inmensa luz que se adelanta. Y soñamos más mundos que los mundos que existen.
Ahí es donde yo me pregunto hasta qué punto un sueño puede ser luz y motor. O si en caso de emergencia, en realidad, nos paraliza.
Sucede que sucedemos y la vida, como usted bien lo dijo, no deja de ser cíclica.
Por lo pronto la realeza, y le entrego una corona.
No hay lugar para olvidar que en el eje está el milagro. Sin embargo somos hembras, y al amarnos algo ocurre.
Mientras caen los meteoritos y las deudas que pagamos, yo la miro con el alma y es igual lo que recibo.
Así lo hizo Pigmalión inventando a Galatea.
La más linda, la más alta, ¡la soñada!, la más suya.
Me parece que aparezco, cuando en vos se guarda el canto.
Protejélo con tu sangre.
Dame Dios para el impulso.
🖊️ Agustina Ferrand

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