qué daría yo
por hacer que las Amarilis
florezcan rojas y grandilocuentes
y que vos, quizá,
hagas un té con cada pétalo soñado
y derrames sobre mí
y sólo para mí
todo el sol que hay en tu alma
que, aunque parezca un juego de colores y palabras,
esto siempre se trató de blancos, negros
y silencios hondos, filosos
de esos que nos dejan a la intemperie
de noche, sí, nueva-mente
porque es el único lenguaje de los que amamos o sentimos tanto
que debemos retirarnos
para extinguirnos, cual velitas, un poco
y que no uno, sino el resto,
sean la torta que promete por debajo
para eso trabajamos, Rick,
para ponernos tristes un rato
y darles a las señoras un fuerte abrazo
a los niños un cáliz eterno
a los abuelos buenos deseos
y a las cenizas un baldazo de agua
no hay ADN, pero soy hija digna de mi padre
cuando, por ejemplo, me piden algo
y lo intento
dando un salto en pos de solucionarlo con sentido de amor total y de urgencia
o cuando me distraigo viendo pasar a una mujer bella, y de la mujer bella me distraigo viendo pasar a otra mujer bella
pero no sé, padre, nunca supe dejar de endulzarle los oídos a la gente
¿eso, hombre, al final se agradece?
¿o sos un dotado arrepentido
por todo lo que dijiste amar
y se te fue de las manos?
vení, charlemos
pero, por favor, ponete una remera
y no seas tan tarado
gracias, ahora sí, estamos a mano
🖊️ Agustina Ferrand
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