Bienaventurada la pausa, cuando nos direcciona hacia un mejor "hacer y decir".
Bienaventurada la vida, cuando tenemos el honor, el lujo (y el deber) de contemplarla.
Bienaventurada la contemplación. Porque para eso se hicieron los campos y los pastos. Para que los veamos mutar, desenvolverse y crecer.
Bienaventurado el tiempo, cuando se deshace, en ese gesto.
Y entonces nos da la enorme oportunidad de no volver a pifiarla.
Bienaventurados los errores... entonces, ¡claro que sí! Cuando nos mega enseñan lo que mega necesitamos.
Bienaventurado el apriete y bienaventurado el zapato. Porque sólo es en el nudo cuando se da el desenlace.
Bienaventuradas las chispas que, en consecuencia, aparecen.
Porque eso significa que el fuego sigue encendido.
Y que a paso lento, también ardemos y avanzamos.
Bienaventurado el aire que mantiene vivo el fuego.
La tierra cuando le da el sostén y las bases.
Y el agua, cuando es norte, botoncito y destino.
Bienaventurados los 4 elementos y los 4 puntos cardinales.
Hete aquí la realidad de que somos arbolitos.
Y en el fondo (nuestro/ y hondo/) siempre buscamos el cielo.
Sólo basta hacer la pausa, que no enriede nuestra mente. Y nos traiga la paciencia, que en la locura perdimos.
Bienaventurados, por fin, los que encontraron (o están buscando) su ritmo.
Hago una pausa, luego existo.
🖊️ Agustina Ferrand

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