sábado, 17 de enero de 2026

Sólo así, pensó Fabiana, la confianza sería total.











Rafael cuidaba con su vida a Felipe. 

Roberto abrazaba con su alma a Soledad.


Y Fabiana... bueno, Fabiana se volvía loca por alguien que ni siquiera podía mirar.

Si la miraba todo en ella hacía el amor hasta estallar.

No hacía falta ni una gota de alcohol.

Fabiana se retorcía de sólo verla e imaginar.


Era tanta la tensión sexual que prefería esperar.

Sí, esperar. Eso es lo que le había recomendado su amigo David. No darlo todo por perdido. O no darlo todo, para ser más sincera y abreviar.


Guardar en un cofre la magia, la suerte y la dualidad. Luego cerrarlo, hacer 5 pasos y darle a Dios un rezo, que sólo Dios podría interpretar.


Respecto a las primeras intenciones, tenían que ir por las segundas. Algún día, en algún lugar.

Sólo así, pensó Fabiana, la confianza sería total.


- ¿No me vas a dejar por otra, no es cierto? - agregó apresurada, mientras se arreglaba el pelo con torpeza y encanto.

- Estoy estornudando - le respondió su amada - estoy diciendo la verdad.

- Ni por otra, ni por miles - sostuvo con la mirada - YO DE TU CORAZÓN Y DE TU CUERPO NO ME VOY MÁS.


Fabiana ya no era Fabiana.

Era algo mejor. Alguien con sabor a futuro,

a hembra engendrada. Quizá, alguien con sabor a lealtad. 


Rafael y Felipe se fueron a dormir.

Roberto y Soledad también.

Fabiana largó todo y se puso a llorar.

No eran lágrimas de dolor. Era un llanto colmado de justicia, de ilusión, de pura felicidad.


"¿Y? ¿Comieron perdices?"


Los terrenos se llenaron de casitas.

Acepte Ud. el trabajo de leer, interpretar y disfrutar.

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